En la Revolución, “tomábamos aguardiente con marigùana para darnos valor"

Nov 15th, 2009 | By | Category: Entrevistas y Crónicas

(En los últimos años realizamos entrevistas a personas ya centenarias que tuvieron alguna participación en el movimiento revolucionario que comenzó en 1910, cuyo máximo exponente en Tamaulipas fue el General Alberto Carrera Torres.

Los entrevistados ya fallecieron, pero como un homenaje a ellos y sus familias, con motivo del PRIMER CENTENARIO DE LA REVOLUCION, hacemos la presente publicación. Entrevista realizada noviembre 1997).

(Entrevista realizada 2002)

Cd. Victoria.- Don Genaro Galindo Hernández va para el siglo; nació en abril de 1902, en plena época del porfiriato.

Conoció a Don Venustiano Carranza y luchó al lado del constitucionalismo hasta triunfar en Veracruz.

Con el grado de Subteniente, en una ocasión fue herido de muerte, pero se recuperó para contar las historias de la Revolución Mexicana.

Pero una cosa lo entristece mucho: La muerte de su esposa y que el gobierno le haya negado la pensión a que tiene derecho como militar revolucionario.

Por su edad ya no puede trabajar. Vive en un cuartito que renta en el 3 y 4 Allende, donde los vecinos lo quieren y le dan algo de comer todos los días.

Hace poco le fue a pedir una pensión al ayuntamiento. Lo recibió el Secretario del Municipio, Gustavo Rivera Rodríguez y le dijo que sí. Le dan 50 pesos ¡Por mes¡.

Por eso Don Genaro casi se muere de tristeza.

También que el Ejército le haya negado los servicios que le prestó a la Patria en la época revolucionaria.

SE ENLISTO A LOS 15 AÑOS

Galindo nació en ciudad Valles, S. L. P. un 24 de abril, según se lo contó su mamá, pero muy joven sus padres lo llevaron a Orizaba, Ver., donde se crió.

Ingresó al Ejército como voluntario en 1916 cuando tenía 15 años.

Se enroló en las filas del general Rodolfo Lozada Villegas, quien era su familiar político.

Participó de esta manera en varias batallas, en el pueblo de Conejo, San Antonio, Ciénegas, Tinajas, La Barranca de Metlaque, Guatlanguillo, Santa Rosa y Contla, entre otras.

Y es que en la zona huasteca, entre Veracruz y Tamaulipas, se libraba la lucha de los conservadores porfiristas en contra de Don Venustiano y el constitucionalismo.

Allí, los enemigos de la Revolución eran  protegidos por las compañías petroleras extranjeras.

Los contrarrevolucionarios eran comandados por un general Manuel Peláez, por Félix Díaz y un Pedro Garay, según cuenta Galindo.

En el extranjero se encontraban Aureliano Blanquet y Francisco P. Alvarez, quienes fueron desterrados por el general Francisco Sánchez.

Pues bien, Galindo conoció a Venustiano Carranza en una ocasión en que fue a Orizaba,  Ver.

Y conoció a muchos otros generales que ya ni se acuerda.

EN LA ULTIMA BATALLA

Nuestro personaje estuvo en la última batalla que libraron los revolucionarios en contra de los conservadores.

Se libró en Contla, Veracruz, entre las fuerzas revolucionarias comandadas por Lozada Villegas y los enemigos que presidía el general Emilio Vázquez.

-Allí murieron 47 compañeros nuestros y 77 de los enemigos.

Fue de los principales auxiliares del general Lozada.

-Lo que yo hacía estaba bien hecho, tenía un papel escrito por el General. Cuando él salía nada más me avisaba y yo me entendía con los muchachos.

Como dato, el general murió muchos años más tarde, de viejo, de enfermedad, y no porque lo haya matado una bala.

Genaro retoma la plática y dice que allí fue la última batalla que se libró entre los dos bandos. De ahí en adelante se rendirían. Del año ya ni se acuerda.

EL BALAZO EN EL PECHO

A Galindo se le vinieron los años en la espalda, camina encorvado. De mente lúcida, da todos los pormenores de su vida, aunque las fechas no las tiene muy presentes.

Es de complexión muy delgada. Siempre utiliza sombrero.

Por eso recuerda cuando lo hirieron con una bala .45 en el pecho.

Fue en la última batalla, en Contla.

-Habíamos ganado y todo se estaba arreglando. Las avanzadas estaban repartidas, recogíamos a nuestros muertos y los de ellos.

Fue cuando reaccionaron y se dieron cuenta que al fondo del campo de batalla se hallaba una casita de madera.

-Y me dijo un Coronel: Bueno, vente, vamos a ver que hay en aquella casita.

Y se encaminaron, pero adentro se hallaba nada menos que el general Emiliano Pérez, el jefe enemigo, con una mujer.

-Cuando llegamos ya nos estaba mirando por los barrotes. Nada mas le dio un tirón a la puerta y nos disparó su pistola .45. Una bala me dio en el pecho.

A su compañero el coronel (no recuerda bien el nombre) no le pasó nada porque llevaba un chaleco antibalas que siempre utilizó en las batallas.

El coronel fue el que liquidó inmediatamente a Pérez.

De allí, nuestro entrevistado fue trasladado, mal herido, hasta Orizaba, donde le dieron los mejores cuidados hasta que sanó.

-Casi me moría en la operación. Bueno, me morí un tiempo porque me metieron un tubo por la herida para sacarme la sangre.

El día que lo hirieron fue un 18 de octubre, lo tiene presente.

TOMABAN  AGUARDIENTE CON MARIGUANA

Son muchas las historias que contar de este ex revolucionario. Solo diremos una más.

A los 96 años todavía fuma, se fuma cuatro cigarrillos por día, contados.

-Aprendí a fumar, pero nunca a tomar.

Solo recuerda cuando, en la lucha, antes de entrar en batalla, les daban una copa de aguardiente mezclada con marigúana.

-Esto era ya para dar el golpe, para entrar a los balazos. Algunos compañeros decían: Ahora sí, vamos, aunque me muera¡.

Genaro fuma desde que tenía 17, “pero solo de la boca para fuera, porque el cigarro es malo”.

Antes de llegar a Victoria vivió como 35 años en Antiguo Morelos, donde falleció su esposa.

-Aquí me pongo a llorar, porque lo que yo tengo es una gran tristeza. Nada me divierte, solo de acordarme de mi esposa y hasta dónde llegó acompañándome.

Dice que no hay día que no la recuerde y se persigna y ora.

Y seguramente Don Genaro morirá de tristeza.

Pero también de tristeza de cuando pidió que le dieran una pensión de la Defensa Nacional. Le mandaron decir que le faltaban papeles. De la Presidencia de la República ni le contestaron.

Esto a pesar de que tiene su credencial de la Unión Nacional de Veteranos de la Revolución, con fecha abril de 1939, expedida en México, D. F.

Los demás papeles se le perdieron por los lugares en que vivió.

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