Cascada “El Aguacate”, si usted no ama la naturaleza virgen… Jamás volverá!

Jul 21st, 2011 | By | Category: Reportajes

Damián Carmona, S. L. P.-  La caída vertical del agua tiene un promedio de cien metros de altura, que significan también cien metros de aventura para el visitante.

Es la exuberante huasteca potosina donde predominan –todavía- selvas y corrientes de agua que el hombre no ha podido contaminar por una razón: Lo difícil e inaccesible a estos espacios.

Aquí se le conoce como la cascada de “El Aguacate” por ubicarse en el ejido del mismo nombre y perteneciente al municipio de Tamasopo.

Es un paseo no tradicional, poco conocido, sin servicios y donde solo los aventureros se atreven a incursionar no sin antes pedir los permisos correspondientes a los propietarios de los predios en que se ubica.

Para llegar, debe tomar por la carretera que va a Río Verde, pasar por estación Rascón (antigua vía Tampico-San Luís Potosí, el ejido El Chino, Damián Carmona y hasta culminar en El Aguacate.

De ahí debe tomar siete kilómetros por una terracería hacia el río, o canal, mejor dicho, que cae hacia el profundo cauce del río Damián Carmona.

Es la ruta de las cascadas de la bella huasteca potosina: El Salto, El Meco, Minas Viejas, Micos, Tamasopo, El Cafetal y hasta perderse en la región media de la huasteca potosina en La Median Luna de Río Verde.

Pero esta, esta es la segunda caída de agua más alta de San Luís Potosí, después de Tamul, que tiene una longitud de hasta 105 metros y es famosa a nivel mundial por los servicios que presta, como hoteles a los que se llega por helicóptero y transportación en lanchas sobre el río Tanchachín y también el Gallinas.

Aquí, una aventura más es cruzar por los cañaverales donde serpentean decenas de caminos, que se parecen tanto que pierden a no pocos y obligan a pedir información y “contratar” guías que no cobran (todavía) porque no lo ven como negocio.

Entre el silencio de los matorrales, el clásico ruido de una caída de agua hace pensar que es el destino buscado. Pero no se ve, solo se escucha y hace suponer que está cerca.

Y es que apenas metros antes, está el canal construido dentro de un sistema de riego en 1949, para proteger y dar servicio a toda esta región de cañicultores que entregan su producto a los cuatro ingenios azucareros que funcionan.

Ya desde Damián abunda el agua, los riachuelos cruzan por entre la comunidad y, donde más antes, en la época de los hacendados, fue una molienda que utilizaba la fuerza del vital líquido.

Hasta hace algunos años, Damián, metido muy allá, lejos de la civilización, mantenía su servicio de alumbrado público y domiciliario, mediante una pequeña planta hidroeléctrica que comenzaba a funcionar a las cinco de la tarde y se apagaba al amanecer.

Pero allá, en la caída, hay que deslizarse por la pendiente casi vertical entre piedras y árboles para tratar de ver la cascada “desde abajo” y tomarse la ansiada fotografía del recuerdo.

Algunos guías de aventureros –que vienen de otras partes de la región huasteca- llevan cables para ir bajando a sus clientes. Pero también los van retirando cuando se van.

Ya abajo, la siguiente aventura es caminar sobre el río alrededor de cien metros que se hacen eternos y difíciles: Cruzar pozas (profundas) de cristalinas aguas, vadear piedras y subir pequeños cerros donde no hay un camino fijo y hay que abirlo.

Luego de recorrer esos cien metros en media hora,  escuchando los cantos de los pájaros, de los ajoles, de las calandrias, allí está la caída, interesante, pura, sin basura ni contaminación (todavía) alguna.

Es la fuerza la corriente que un día se desvió para proteger de inundaciones los cañaverales, y que hoy causa interés a los visitantes para convivir con la naturaleza, disfrutarla y amarla.

En más de 60 años, ese chorro ha formado una poza sobre la roca bruta que a la vez se va cubriendo de sarro y musgo característico de la humedad arrastrada por el rocío.

Al poniente hay otro acceso por el que se llega a través de pequeñas escalerillas que alguien instaló sobre el barranco, pero tan peligrosas y resbaladizas como si no existieran.

Por ambos lados se necesita llevar el equipo indispensable, sobre todo zapatos que no resbalen ante la humedad y cables para el descenso y ascenso.

Y viene el regreso: Caminar 200 metros en 45 minutos, que es la segunda aventura.

Si usted queda satisfecho, si es lo que quería, va a regresar. Si no ama la naturaleza virgen, de seguro jamás volverá.

http://www.janambre.com.mx

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