Los amores de "Amalita"

Nov 24th, 2012 | By | Category: Opinión Pública

Cd. Victoria, Tamaulipas.- A raíz de nuestra colaboración anterior con el tema de Amalia González Caballero, nacida en Santander Jiménez y homenajeada con su ingreso a la Rotonda de las Personas Ilustres, el maestro, politólogo, historiador y periodista Carlos F. Salinas Domínguez abunda sobre la vida de esta mujer.

Aborda aspectos tabú, desconocidos por muchos o poco publicitados: Sus amores.

A 26 años de su muerte (de ella), sin duda es momento que la historia comience a hacer su trabajo y baje del pedestal al mito que unos cuantos se encargaron de elevar en momentos de emoción.

El juicio de la historia es inapelable y sin duda pasará por su tamiz a esta mujer que nada tuvo de extraordinario sino que, a lo mejor, antes que muchas, “entendió como nadie cómo se hace la “grilla” en México: Supo utilizar todos sus encantos y atributos”, como dice Salinas.

Fue mujer como todas, con amores legales y prohibidos: A la muerte de su marido, “se dio la gran vida esta guapa norteña de ojos verdes”.

Su gran amor prohibido –o uno de ellos-, fue el periodista Rodrigo de Llano, por aquellos años poderoso e influyente director del diario Excélsior.

Amalita era viuda del escritor e historiador Luis Castillo Ledón; De Llano estaba casado con Dolores Tripp.

Ella nació en Jiménez, Tamaulipas el 18 de agosto de 1898.

El, Rodrigo, nació en Monterrey, N. L. el cinco de abril de 1890. Era cuatro años más grande que Amalia.

La paisana casó en 1927 a los 29 años (edad) con el periodista e historiador nayarita, quien ya tenía 48. La diferencia era de 19 años.

De Don Luis heredó (de hecho, no de derecho) la prolongación del Castillo Ledón, además de su prestigio y nombre… ¿Estirpe?.

Castillo –como dice Carlos F. Salinas-, fue efímero Gobernador de Nayarit (nació en Santiago Ixcuintla). Solo duró en el ejercicio del uno de enero de 1930 al seis de agosto de 1931, al ser derrocado por un militar.

También periodista por muchos años, Castillo Ledón falleció el siete de octubre de 1944 cuando tenía 65 de edad.

-Dejó a la viuda de 46 años de edad, todavía de muy buen ver. No se volvió a casar, pero sí tuvo una muy larga vida amorosa con  Rodrigo de Llano (alias El Skipper) –dice Salinas.

De ese tórrido romance, que duró largos años, habla Julio Scherer García, hoy director de la Revista Proceso, en su obra La Terca Memoria, editado por Grijalbo en el 2007.

Scherer era reportero, De Llano era el temido jefe, el Skipper.

-Don Rodrigo de Llano, bebía hasta el límite de la embriaguez. Su piel era blanca, casi rosada y con los huisquis (sic) la encendían al rojo… Se acompañaba de Doña Amalia Castillo Ledón.

A veces acudía la señora por Don Rodrigo al Ambassadeurs, el restaurante bar de la casa Excélsior o pasaba a su oficina, en el tercer piso. Nos sonreía y si había oportunidad, nos extendía la mano y platicaba sin prisas. Era casi tan alta como El Skipper. Nos gustaba. La queríamos…”

Las notas de sociedad de la época hablan de la presencia en eventos de bodas y festejos, de Don Rodrigo y Doña Amalia, a donde por lo general acudía el presidente de la República en turno.

Hay que recordar que De Llano fue director desde 1924 hasta su muerte en 1963.

Agrega el politólogo Salinas Domínguez:

-De Llano intervino, con la influencia de Excélsior, en el inicio de la carrera diplomática (de Amalita) que se inició en 1953 (nueve años después de la muerte de Castillo Ledón) y concluye en 1970. Fue embajadora de México en Suecia, Suiza, Finlandia, Austria y Naciones Unidas.

Así la dejamos. Parece que la historia empezó a volver la mirada hacia la mujer que ha recibido el reconocimiento al que tienen acceso pocos mexicanos fallecidos.

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