¡Aquí estamos!

Dic 16th, 2012 | By | Category: Editoriales
Spread the love

“Laicismo o laicidad…”

Lic. Francisco Javier Álvarez de la Fuente

alvarezfj.2@gmail.com

El pasado 30 de noviembre de 2012, fue publicado  en el Diario Oficial de la Federación el  DECRETO por el que se reforma el Artículo 40 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que quedó de la siguiente manera: “…Artículo 40. Es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una República representativa, democrática, laica, federal, compuesta de Estados libres y soberanos en todo lo concerniente a su régimen interior; pero unidos en una federación establecida según los principios de esta ley fundamental…”

Pero todo inició con la iniciativa de decreto presentada el 9 de febrero de 2006, por el Diputado Rafael García Tinajero del Partido de la Revolución  Democrática  (PRD), quien en su exposición de motivos entre otras cosas señaló: “…La palabra laico se suele emplear como contrapuesta a clérigo; y la palabra laicismo, contrapuesta a religiosidad. Una sociedad laica y laicista sería, en este sentido, la que organiza y regula desde una perspectiva no clerical o religiosa, no para negar o ir contra ciertos valores, sino para fijar unas bases con valores comunes que hagan posible la convivencia de todos, sin excepción.

La laicidad exige hacer efectiva la aconfesionalidad del Estado establecida en la Norma Suprema. Al Estado incumbe garantizar la libertad religiosa y, en general, la de conciencia establecida en el artículo 24 constitucional; esto es así porque, en efecto, la laicidad ha de entenderse ante todo como condición y garantía del efectivo ejercicio de la libertad religiosa por parte de todos los ciudadanos en pie de igualdad.

Para asegurar esta igualdad, la laicidad, que es respeto de la pluralidad de opciones ante lo religioso, se traduce necesariamente en neutralidad de cuantos ejercen el poder público respecto a todas ellas, neutralidad que –a su vez– exige y supone la aconfesionalidad.

En nuestra historia constitucional se plasman los históricos debates parlamentarios que dieron origen a lo que los constitucionalistas denominan ‘los principios fundamentales’, entre los cuales el común denominador de las diversas posiciones ideológicas de entonces fue dejar construido un sistema de libertades que garantizara

Tolerancia y respeto de todas las ideas, creencias y cultos…”.

Dice el Papa Benedicto XVI, en su encíclica Caritas in veritate: «La negación del derecho a profesar públicamente la propia religión y a trabajar para que las verdades de la fe inspiren también la vida pública, tiene consecuencias negativas sobre el verdadero desarrollo. La exclusión de la religión del ámbito público, así como, el fundamentalismo religioso por otro lado, impiden el encuentro entre las personas y su colaboración para el progreso de la humanidad. La vida pública se empobrece de motivaciones y la política adquiere un aspecto opresor y agresivo. En el laicismo y en el fundamentalismo se pierde la posibilidad de un diálogo fecundo y de una provechosa colaboración entre la razón y la fe religiosa. La ruptura de este diálogo comporta un coste muy gravoso para el desarrollo de la humanidad» (56).

El caso es que nuestros señores Diputados, Senadores y los que se denominan Congreso Constituyente, las Legislaturas de los Estados de Baja California Sur, Campeche, Chiapas, Coahuila, Durango, Hidalgo, México, Michoacán, Morelos, Oaxaca, Querétaro, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala, Yucatán y Zacatecas, sin comparar ni tomar en cuenta las  legislaciones de países europeos y americanos que tengan apertura a una verdadera libertad religiosa, decidieron modificar nuestra Carta Magna y como ya lo señalamos al principio “…Artículo 40. Es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una República representativa, democrática, laica, federal, compuesta de Estados libres y soberanos en todo lo concerniente a su régimen interior; pero unidos en una federación establecida según los principios de esta ley fundamental…”.

¡Rusia acaba de aprobar que en las escuelas públicas se pueda impartir religión! ¡Brasil acaba de dar reconocimiento oficial incluso a los estudios hechos en los Seminarios!

Pero lo que nos pasa en México es que aún vuelan polvos de otros aires y quedan resabios del jacobinismo imperante desde los tiempos de Juárez, pero en fin, para hacer del conocimiento de los hechos… ¡Aquí estamos!

Leave Comment

*

code