Cuestión pública

Dic 24th, 2012 | By | Category: Editoriales

Luis Lauro Carrillo

LA NAVIDAD COMERCIAL 

Las fiestas decembrinas en la actual sociedad mexicana secularizada, al margen de la religiosidad, son escenificadas con la cena de Navidad, Santa Claus, la algarabía de las doce campanadas del año nuevo, que han derivado en una parafernalia mercantil con propensión compulsiva al consumo, a la emulación y al derroche.

Viene a cuento lo anterior por las formas del festejo humilde y pobre del nacimiento de Jesús de Nazaret en el pesebre, que contrasta con la navidad comercial que actualmente se practica que engendra consumismo, gastos desmedidos, invitando al derroche.

Al efecto es bueno recordar que la palabra Navidad proviene de «natividad» o nacimiento y que según numerosos historiadores y especialistas de esta materia, Jesús no nació ni el 25 de diciembre, ni en 6 de enero, sino hasta  el 23 de  octubre del año 4 A.C.

Así vemos como la Iglesia convirtió a los pueblos paganos del norte de Europa al cristianismo, constatando que para ellos la fiesta más importante era el solsticio de invierno, es decir, el día más corto del año.

Cabe señalar que la Iglesia no quiso arrebatar a esos pueblos su principal fiesta para imponerles otra, de tal forma que hizo coincidir la fecha del supuesto nacimiento de Jesucristo con el día del solsticio de invierno.

De tal modo que es la  oportunidad extraordinaria de los comerciantes para multiplicar las ventas de toda clase de productos, subsidiados por las autoridades de gobiernos estatales y municipales con la decoración e iluminación de calles y plazas, fachadas de edificios de gobierno y escaparates, con miles de luces, adornos y motivos navideños.

Dicho en otras palabras, una Navidad de vacaciones escolares y gubernamentales con incesante publicidad, y una Navidad de tiendas y almacenes y de plazas con tenderetes navideños que invitan al consumo y al derroche. Según se entienda y viva el hecho navideño puede hablarse, al menos, de dos navidades: la comercial, y la cristiana.

De ahí que la navidad cristiana para los creyentes fue oculta, solidaria, reflexiva, liberadora. En cambio la navidad comercial actual induce al consumismo, a la emulación y a los gastos exagerados.

Por consiguiente entre creencias y reuniones familiares gira el negocio millonario, tiendas abarrotadas, miles de ofertas, regalos para los niños, presentes para los adultos, decoraciones, luces y árboles.

No cabe duda que para la clase política, empresarial y media alta, hay obsesión y compulsión por viajar a otros países, comprar regalos, sean BlackBerry, iPhone 5, Tablets ipod, play boock, teléfonos inteligentes, lociones, perfumes, ropa de marca, corbatas y pañuelos, libros, vídeos y el bacalao para la cena.

Conviene señalar que ellos sí tienen opciones económicas para ir a esquiar a colorado, a los Alpes suizos, a las playas del extranjero o apostar en las Vegas o Mónaco; no están obligados a usar sus ahorros o ganancias porque sus prestaciones laborales o utilidades les permiten sufragar esos gastos considerados por ellos como pecata minuta.

Mientras tanto la gran mayoría de los mexicanos empobrecidos, tratan de subsistir, porque carecen de ingresos por falta de empleo o si los que lo llegan a tener no les alcanza el dinero o bien deben trabajar para darle puerta abierta a la singular mexicana alegría navideña.

Por otro lado hay quienes  rechazan la Navidad basados en que Jesucristo no nació el 25 de diciembre, porque santa Claus no existe o bien porque consideran la navidad como una festividad tradicional, donde se rechaza la violencia política  en familia.

Cabe subrayar que en dicha fiestas también, se construyen sueños e ilusiones, al calor de las notas musicales acarameladas de los villancicos durante los días que dura el jolgorio, los árboles de Navidad contribuyen al ecocidio y en el ambiente priva descaradamente el comercio.

Para otros la Navidad es tiempo de tregua social, donde se concilian las diferencias y se congelan los problemas. Se recuerdan, como contrapunto de los sueños de Navidad, la pobreza y miseria de millones de mexicanos, la xenofobia, la injusticia, la concentración del ingreso, la marginación, la violencia delincuencial, las enfermedades incurables.

Por otra parte, está visto que la clase política prácticamente  está desaparecida, ya nada se escucha de ediles, diputados, secretarios incluso mandatarios estatales tan dados a la declaración cotidiana, se desaparecieron literalmente de la escena pública. Aparentemente, la pléyade de funcionarios estarán disfrutando de “merecidas” vacaciones navideñas en los centros de recreación nacionales y e internacionales.

Una observación importante la Navidad y Año Nuevo sirven de ocasión para que autoridades civiles como el presidente de la republica, gobernadores, presidentes municipales, legisladores o mandos religiosos como el arzobispo, obispos y sacerdotes, dirijan mensajes especiales de paz y tranquilidad (grabados) a sus ciudadanos o fieles.

En definitiva un país como México con más de 50millones de pobres que están subalimentados, algunos en la  hambruna, la vigilia de Navidad no puede ni debe ser una  noche de paz y de amor, no será ni siquiera una caricatura de noche buena. Seguirá siendo una noche y las siguientes de pesadilla, una  noche marcada por las carencias mientras unos cuantos gozan de lo superfluo, en un sistema político económico injusto e insensible.

lucarrso@hotmail.com

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