¡Aquí estamos!

Dic 30th, 2012 | By | Category: Editoriales

«Si rescatamos a las familias, rescatamos al mundo…»

Lic. Francisco Javier Álvarez de la Fuente

alvarezfj.2@gmail.com

María y José nos enseñan que el matrimonio es «una alianza entre el hombre y la mujer, alianza que los compromete a la fidelidad recíproca, y que se apoya en la confianza común en Dios.

Se trata de una alianza tan noble, profunda y definitiva, que constituye para los creyentes el sacramento del amor de Cristo y de la Iglesia». En esta alianza «se vive un amor pleno que repercute en la formación de los hijos. La fidelidad de los cónyuges es, a su vez, como una roca sólida en la que se apoya la confianza de los hijos. Cuando padres e hijos respiran juntos esa atmósfera de fe, tienen una energía que les permite afrontar incluso pruebas difíciles, como muestra la experiencia de la Sagrada Familia». Confianza, comunicación, amor, responsabilidad, oración, fidelidad a Dios son algunas enseñanzas que la Sagrada Familia deja a los hombres y mujeres del siglo XXI. Sólo teniendo familias sanas y santas podremos construir la Civilización del Amor.

Pero analicemos, partiendo de las reflexiones de Juan Pablo II, algunos rasgos familiares de María, José y Jesús.

San José fue el jefe de familia obediente a Dios. Muchas cosas no las comprendía, pero la profundidad de su fe, su confianza, lo movía a la acción. Contra toda la lógica de su tiempo y del nuestro, desposó a una mujer que no conocía varón y ¡estaba embarazada! Emprendió la huída a Egipto cuando la vida de Jesús peligraba, regresa a Nazaret cuando entre sueños un ángel se lo ordena. «San José, casto esposo de Santa María, acoge a Jesús en su corazón paternal, educándolo, cuidándolo, amándolo como si fuere hijo suyo».

La Virgen María es modelo de entrega a Dios «En la Anunciación, María responde con un Sí rotundo desde una libertad poseída, poniéndose en las manos de Dios. En Santa María vemos una continua vivencia de la dinámica de la alegría-dolor: criando, educando, siguiendo de cerca a su Hijo Jesús, mostrándole en todo momento un auténtico amor maternal.». Cuando parecía ser el final, ella está al pie de la cruz superando el temor con un profundo amor; ella ánima a los apóstoles acobardados.

Por su parte, Jesucristo siempre se mostró obediente para con  sus padres: « Vivía sujeto a ellos» (Lc 2, 51).  Como niño, Él obedecía a su madre y a su padre adoptivo, y permanecía siempre junto a ellos. María y José fueron sus primeros educadores.  Se puede pensar que en el episodio del templo Jesús desobedece a sus padres, pero no es así. «Demuestra en este hecho su plena independencia con respecto a todo vínculo humano cuando está de por medio el plan de su Padre y la misión que Él le ha encomendado»

María y José nos enseñan que el matrimonio es «una alianza entre el hombre y la mujer, alianza que los compromete a la fidelidad recíproca, y que se apoya en la confianza común en Dios. Se trata de una alianza tan noble, profunda y definitiva, que constituye para los creyentes el sacramento del amor de Cristo y de la Iglesia». En esta alianza «se vive un amor pleno que repercute en la formación de los hijos.  La fidelidad de los cónyuges es, a su vez, como una roca sólida en la que se apoya la confianza de los hijos. Cuando padres e hijos respiran juntos esa atmósfera de fe, tienen una energía que les permite afrontar incluso pruebas difíciles, como muestra la experiencia de la Sagrada Familia».

Confianza, comunicación, amor, responsabilidad, oración, fidelidad a Dios son algunas enseñanzas que la Sagrada Familia deja a los hombres y mujeres del siglo XXI. Sólo teniendo familias sanas y santas podremos construir la Civilización del Amor.

Y por lo que a nosotros toca, les deseamos a todos nuestros lectores, que en éste año 2013, que estamos a punto de iniciar, que tengamos como meta para llevar nuestra familia como José y María la llevaron con Jesús, confianza, comunicación, amor, responsabilidad, oración, y fidelidad a Dios, puesto que «Si rescatamos a las familias, rescatamos al mundo…”, y para hacer lo que nos corresponde… ¡Aquí estamos!

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