¡Aquí estamos!

Ene 11th, 2013 | By | Category: Editoriales

las alianzas…”

Lic. Francisco Javier Álvarez de la Fuente

alvarezfj.2@gmail.com

Las alianzas electorales constituyen una forma de unir la fuerza electoral y «concentrar los votos» de los electorados de diferentes partidos políticos detrás de un candidato o una propuesta común en pos de evitar el desperdicio de los votos en diferentes propuestas o candidatos. Resultan de la coordinación estratégica entre los líderes de los partidos políticos al acordar y comprometerse con el fin de obtener un resultado mutuamente beneficioso respecto del que podrían obtener si la coordinación no se llevara a cabo.

Los incentivos para coordinar, así como los beneficios esperados de la coordinación, difieren entre los partidos políticos.

Por ejemplo, los partidos mayoritarios, suelen aliarse con otros para lograr que un miembro o dirigente de sus filas partidarias obtenga el cargo unipersonal del ejecutivo, es decir, el premio que comparativamente depara una mayor utilidad esperada.

Los aliados, en cambio, disfrutan de otros beneficios cuya naturaleza varía dependiendo de los incentivos partidarios, así como de los arreglos institucionales asociados con la elección.

A su vez, partidos muy pequeños pueden beneficiarse de la obtención de cierto umbral (porcentaje de votos) requerido legalmente que les permite mantener su registro o personería política, y así acceder a recursos públicos para financiar sus actividades partidarias.

De este modo, los partidos pequeños integran las alianzas en pos de alguna ganancia política que no está asociada directamente con el cargo ejecutivo, mientras que los más grandes lo hacen para maximizar el porcentaje de votos en la competencia electoral del cargo ejecutivo.

Analizar las consecuencias de la formación de alianzas electorales sobre el funcionamiento del sistema político. Éstas pueden ser múltiples: por un lado, las alianzas producen un impacto directo sobre la oferta electoral, dándole una forma muy peculiar al sistema de partidos al reducir el número de contendientes sin disminuir al mismo tiempo el número de partidos políticos que permanece en el mercado electoral.

Por otra parte, las alianzas electorales afectan la demanda electoral, dado que cuando éstas ocurren, los votantes tienen menos problemas para coordinar sus votos entre las alternativas en disputa. Cuando fracasan, en cambio, los problemas de coordinación de los electores aumentan, abriendo la puerta a resultados electorales muy aleatorios y fortuitos con un alto desperdicio de votos.

Las alianzas sobre la distribución del poder afectan la relación entre el gobierno y su congreso cuando la participación de los partidos aliados es retribuida con escaños legislativos. Si, como es de esperar, los partidos aliados forman bloques separados en la legislatura, el triunfo de la alianza electoral podría resultar en gobiernos divididos o sin mayorías legislativas. Esto tiene un efecto sobre el proceso de elaboración de políticas públicas, ya que un gobierno sin mayorías se ve obligado a negociar y consensar sus políticas con los otros partidos.

En este sentido, la formación de alianzas produce una paradoja para el partido que obtiene la gobernación: lo ayuda a obtener el cargo del ejecutivo pero a costa de la maximización individual de sus escaños en la legislatura.

Y para seguir conociendo lo relacionado con la actividad político electoral y como actúa cada partido de los que contenderán en el proceso electoral para la renovación de los Ayuntamientos y Congreso del Estado, que ya inició… ¡Aquí estamos!

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