¡Aquí estamos!

Oct 24th, 2013 | By | Category: Editoriales
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“30 años de la Carta de los derechos de la familia…”

Lic. francisco Javier Álvarez de la fuente

alvarezfj.2@gmail.com

Con motivo de los primeros treinta años de la Carta de los Derechos de la Familia presentada por la Santa Sede a todas las personas, instituciones y autoridades interesadas en la misión de la familia en el mundo contemporáneo, un 22 de octubre de 1983, éste 24 de octubre se ha iniciado la Asamblea Plenaria del Pontificio Consejo para la Familia en Roma. Serán tres jornadas dedicadas al estudio y al debate. El encuentro abierto al público, se ha desarrollado sobre el tema «Nuevos horizontes antropológicos y derecho de la familia».
La «Carta de los Derechos de la Familia» responde a un voto formulado por el Sínodo de los obispos reunidos en Roma en 1980, para estudiar el tema «El papel de la familia cristiana en el mundo contemporáneo» (cfr. Proposición 42). Su Santidad el Papa Juan Pablo II, en la Exhortación Apostólica Familiaris consortio (n. 46) aprobó el voto del Sínodo e instó a la Santa Sede para que preparara una Carta de los Derechos de la Familia destinada a ser presentada a los organismos y autoridades interesadas.
Es importante comprender exactamente la naturaleza y el estilo de la Carta.

Este documento no es una exposición de teología dogmática o moral sobre el matrimonio y la familia, aunque refleja el pensamiento de la Iglesia sobre la materia. No es tampoco un código de conducta destinado a las personas o a las instituciones a las que se dirige. La Carta difiere también de una simple declaración de principios teóricos sobre la familia. Tiene más bien la finalidad de presentar a todos nuestros contemporáneos, cristianos o no, una formulación —lo más completa y ordenada posible— de los derechos fundamentales inherentes a esta sociedad natural y universal que es la familia.
Los derechos enunciados en la Carta están impresos en la conciencia del ser humano y en los valores comunes de toda la humanidad. La visión cristiana está presente en esta Carta como luz de la revelación divina que esclarece la realidad natural de la familia. Esos derechos derivan en definitiva de la ley inscrita por el Creador en el corazón de todo ser humano. La sociedad está llamada a defender esos derechos contra toda violación, a respetarlos y a promoverlos en la integridad de su contenido.
Casi todos estos derechos han sido expresados ya en otros documentos, tanto de la Iglesia como de la comunidad internacional.
La Carta está destinada en primer lugar a los Gobiernos.
Al reafirmar, para bien de la sociedad la conciencia común de los derechos esenciales de la familia, la Carta ofrece a todos aquellos que comparten la responsabilidad del bien común un modelo y una referencia para elaborar la legislación y la política familiar, y una guía para los programas de acción.
La Carta, evidentemente, se dirige también a las familias mismas: ella trata de fomentar en el seno de aquéllas la conciencia de la función y del puesto irreemplazable de la familia; desea estimular a las familias a unirse para la defensa y la promoción de sus derechos; las anima a cumplir su deber de tal manera que el papel de la familia sea más claramente comprendido y reconocido en el mundo actual.
La Carta se dirige finalmente a todos, hombres y mujeres, para que se comprometan a hacer todo lo posible, a fin de asegurar que los derechos de la familia sean protegidos y que la institución familiar sea fortalecida para bien de toda la humanidad, hoy y en el futuro.

La Carta de los derechos de la familia señala entre otras cosas que: los derechos de la persona, tienen una dimensión fundamentalmente social que halla su expresión innata y vital en la familia; la familia está fundada sobre el matrimonio, esa unión íntima de vida, complemento entre un hombre y una mujer, que está constituida por el vínculo indisoluble del matrimonio, libremente contraído, públicamente afirmado, y que está abierta a la transmisión de la vida; el matrimonio es la institución natural a la que está exclusivamente confiada la misión de transmitir la vida; la familia, sociedad natural, existe antes que el Estado o cualquier otra comunidad, y posee unos derechos propios que son inalienables; la familia constituye, más que una unidad jurídica, social y económica, una comunidad de amor y de solidaridad, insustituible para la enseñanza y transmisión de los valores culturales, éticos, sociales, espirituales y religiosos, esenciales para el desarrollo y bienestar de sus propios miembros y de la sociedad; la familia y la sociedad, vinculadas mutuamente por lazos vitales y orgánicos, tienen una función complementaria en la defensa y promoción del bien de la humanidad y de cada persona.

Y todo lo anterior lo sintetiza en solo doce artículos de muy fácil lectura y entendimiento por todos, pero sobre todo fundamentados en la Doctrina Social de la Iglesia, plasmada en diferentes encíclicas, entre las que podemos señalar Rerum novarum; Gaudium et spes; Pacem in terris; Familiaris consortio; Humanae vitae; Dignitatis humanae; Populorum progressio; Laborem exercens; Mater et magistra y otras más.

El fin de semana, las propias familias serán protagonistas. Acudirán a Roma entre 150 ml y 200 mil familias procedentes de más de 75 países. Manifestarán la alegría de ser, precisamente, familias cristianas, que no quiere decir que no haya problemas, dolores, dificultades. Las familias que acuden, quieren decir que la alegría y la belleza de la familia vale la pena también por encima de todos los problemas que pueda haber. Es la alegría más grande. Y para vivir la alegría de esas familias y replicarla en las nuestras… ¡Aquí estamos!

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