¡Aquí estamos!

Nov 1st, 2013 | By | Category: Editoriales
Spread the love

“Todos los santos y fieles difuntos…”

Lic. francisco Javier Álvarez de la fuente

alvarezfj.2@gmail.com

La fiesta de Todos los Santos se celebra el 1 de noviembre en la Iglesia Universal desde el año 840. Antes de esta fecha, había un día para recordar y celebrar a todos los mártires, hasta que el Papa Bonifacio IV, transformó un templo griego dedicado a todos los dioses (Partenón), en un templo cristiano, dedicándolo a a la Santísima Virgen y a «Todos los Santos». Desde entonces la fiesta se fue extendiendo, primero en Europa y luego en todo el mundo.
Como fiesta mayor, tenía su celebración vespertina en la vigilia (la noche del día anterior – 31 de octubre -) para preparar la fiesta. En Inglaterra se le llamó a esta vigilia vespertina: All Hallow’s Even (Vigilia de todos los santos). Con el paso del tiempo su pronunciación fue cambiando… All Hallowd Eve…, All Hallow Een…, Halloween.
Por esto ahora se relaciona esta fiesta con la tradición norteamericana del halloween que, en su forma actual, nada tiene que ver con las fiestas cristianas.

La Iglesia primitiva acostumbraba a celebrar el aniversario de la muerte de un mártir en el lugar del martirio. Frecuentemente, los grupos de mártires morían el mismo día, lo cual condujo naturalmente a una celebración común. En la persecución de Diocleciano, el número de mártires llegó a ser tan grande, que no se podía separar un día para asignársela. Pero la Iglesia, creyendo que cada mártir debía ser venerado, señaló un día en común para todos. La primera muestra de ello se remonta a Antioquía en el domingo antes de Pentecostés.

Gregorio III (731-741) consagró una capilla en la Basílica de San Pedro a todos los santos y fijó el aniversario para el 1 de noviembre. Gregorio IV extendió la celebración del 1 de noviembre a toda la Iglesia, a mediados del siglo IX.

Te preguntarás, ¿tiene sentido rezar a los santos o pedir por las almas de quienes ya se han muerto? Esta tradición está basada en la certeza que tenemos los cristianos de que la Iglesia es un solo cuerpo, el Cuerpo de Cristo. En el Cuerpo de Cristo fluye un mismo espíritu: el Espíritu Santo; Jesucristo es la Cabeza de ese cuerpo y todos los bautizados, somos sus miembros. La unión de los miembros de la Iglesia no se interrumpe con la muerte, más aun, la Iglesia nos enseña que se refuerza con la comunicación de los bienes espirituales.

Esto es un misterio, el misterio de la Iglesia. No se puede comprender con la razón, ni se puede comprobar como las ciencias; es cuestión de fe, los creyentes no solamente creemos en Dios, también «le creemos a Dios», y sabemos que Él nos habla en su Palabra: consulta la Primera Carta de San Pablo a los Corintios, capítulo 12, versos del 12 al 31 y medita lo que ahí dice.

Comprenderás ahora por qué decimos en el Credo «Creo en la Comunión de los Santos», queremos indicar que existe una unión, una comunicación entre las almas en las que el Espíritu Santo tiene su morada. Entre todos los miembros de la Iglesia, que está dividida en tres estados:

ü     La Iglesia Peregrina: los vivos, que aun peregrinan en la tierra;

ü     La Iglesia Purgante: los ya difuntos, que se purifican;

ü     La Iglesia Triunfante: los que están ya glorificados, en el cielo, contemplando a Dios.

Como todos los creyentes formamos un solo cuerpo, el bien de los unos se comunica a los otros. Es pues necesario creer que existe una comunión de bienes en la Iglesia. El miembro más importante de este cuerpo es Cristo, ya que es la Cabeza, así, el bien de Cristo es comunicado a todos los miembros, y esta comunicación se hace por los sacramentos.

Por eso también se habla de la «intercesión de los santos»; ellos están ya unidos a Cristo, gozando de la Gloria del Padre y como parte del mismo Cuerpo de Cristo, pueden interceder por quienes aún no llegamos al cielo.

Los católicos veneramos a los santos, son quienes constituyen la Iglesia Triunfante, que junto con nosotros (Iglesia Peregrina) y con los que se están purificando (Iglesia Purgante), forman una sola Iglesia, la Iglesia de Jesucristo. Son quienes vivieron una vida normal, como tú y como cualquiera de nosotros, esforzándose por seguir a Cristo, sus mandamientos y enseñanzas, y lo hicieron hasta la muerte.

Las fiestas de los santos y de la Virgen María, no son fiestas ajenas a Cristo, antes bien, nos ayudan a comprender en qué consiste la vida cristiana y nos enseñan que sí se puede merecer la redención que Cristo nos alcanzó, si se vive de acuerdo al evangelio.

El Culto que se da a los santos es derivado del que se da a Dios. Hay diferentes tipos de culto:

·            De Latría, sólo se da a Dios.

·            De Dulía,  es el que se da a los santos.

·            De Hiperdulía, es el que se da a la Virgen María.

Y para seguir conociendo y compartiendo con todos lo referente a la Doctrina Cristiana Católica…Aquí estamos!

Leave Comment

*

code