Prepotencia de un líder

Nov 8th, 2013 | By | Category: Opinión Pública
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Cd. Victoria, Tamaulipas.- En la primavera de 1978 (hace 35 años) traté de entrevistarlo por primera vez. Para ello visité su domicilio en la calle San Luis No. 103 colonia Unidad Nacional, en ciudad Madero.

Yo trabajaba para un medio de comunicación de Monterrey. Había hecho viaje especial para el objetivo.

En el Nuevo Reino de León el cacique maderense Joaquín “La Quina” Hernández Galicia era noticia. Estaba en plena construcción la refinería de Cadereyta y, a pesar de las distancias, la poderosa sección 1 del STPRM era la que decidía quien laboraba y quien no.

Negocios mil se la adjudicaban a Hernández, partiendo del mismo Paso Autel, donde se hospedaban o vivían permanentemente los ingenieros de la nueva refinería.

Al pueblo le decían “Madereyta”. Había una comunicación con el sur de Tamaulipas a través del llamado “tren nocturno” que salía de Monterrey a las once de la noche sin hacer altos mas que en ciudad Victoria.

Los “guaruras” del cacique me quitaron las intenciones de conseguir una buena noticia:

-Don Joaquín manda decir que no da entrevista de prensa.

Se acabó el encanto y regresé a la Sultana con amargo sabor de boca.

Transcurrió el tiempo y seis años después, en 1984, cuando llegué a laborar al Gobierno de Tamaulipas, tenía frente a mi al líder petrolero pero sin posibilidad de preguntarle lo que quería como reportero. Trabajaba en el sector oficial.

Entre el 84´ y el 87´ me tocó “lidiar” con los guaruras y la prepotencia de sus colaboradores, siempre armados hasta los dientes.

Era la época del Gobernador Emilio Martínez Manautou, amigo del guía moral de los petroleros.

Cada que el Gobernador visitaba el sur, era recibido en el aeropuerto Francisco Javier Mina por porristas y matraqueros con la clásica ¡Petroleros Manautou¡ ¡Petroleros Manautou!.

Lo recibían y también lo despedían.

Tenían autobuses especiales pertenecientes a la sección 1 del gremio petrolero. Seguramente ahí  cobraban.

Cada gira del Gobernador era una aventura en que no sabíamos –los de prensa- si terminaríamos bien la jornada.

Con metralletas en mano, a bordo de camionetas pick-up, los guaruras pretendían ir de escoltas del autobús del ejecutivo. Así era siempre, así estaban acostumbrados en la zona sur, “el sólido sur” como le llamaban.

Cuando Don Emilio dormía en el puerto, era la borrachera. El hotel Posada se llenaba de guaruras de todo tipo.

La prepotencia se extendía hacia otras regiones, Mante, González, ciudad Victoria, ahí donde andaba o se le ocurría a La Quina unirse con el Gobernador.

Otras veces la fiesta era con una cantante a la que llamaban “Estrellita”, que se tenía “tenía que ver” con el jerarca petrolero.

A finales de 1987 el mandamás “arreció” sus medidas de seguridad (como que algo temía). Incluso apareció un auto cadillac negro que se decía tenía blindaje. Por lo general ahí viajaba su esposa Carmelita.

En su tiempo se le acusaron maldades, entre ellas las muertes de líderes que no se sumaron a  su proyecto, como Heriberto “El Güero” Kehoe, o el líder de la sección 30 de Poza Rica, Oscar Torres Pancardo.

Sin dejar, claro, de adjudicarle otras “calaveritas” a nivel local y diversas partes del país.

También le conocí cosas en apariencia “buenas”.

Fui testigo de la trilla en los arrozales del municipio de Mante. Se sembraban con financiamiento del gremio petrolero, pero sin que hubiera posibilidad de malos manejos por parte de los productores: El sindicato sembraba, cosechaba y le entregaba las utilidades a los dueños de la tierra.

Testigo también de la cosecha de sorgo en Soto la Marina. Decenas de trilladoras y camiones recolectando el fruto de la tierra de ejidatarios que carecían de recursos para producir.

Allá en el sur ni se diga: Las tiendas del gremio vendían leche más barata, huevo, productos básicos que en su mayor parte se generaban en las granjas del sindicato. Ellos fabricaban hasta ropa y calzado.

Los fines de semana los eventuales eran obligados a trabajar en la construcción de las casas de sus compañeros.

Joaquín jamás fue diputado local, ni federal y menos senador. No le interesaban para si los puestos de elección y menos cobrar en la nómina. Solo quería el poder colocando a los suyos.

Imponía a los alcaldes de Tampico, Madero y Altamira, y en los últimos trienios hasta los de Aldama y González (y quiso en Reynosa pero fracasó).

Para unos fue un cacique que enderezó venganzas; para otros un benefactor. La historia ha de dar su veredicto.

A La Quina se le olvidó avizorar que un día su poder se acabaría; nunca formó a líderes que lo sustituyeran y tampoco aseguró para el gremio la riqueza económica que detentaron.

Dícese que en los últimos días del gobierno manautouista, en una de tantas borracheras, La Quina le solicitó y obtuvo autorización para regularizar a nombre de la sección 1 del SRTPRM (Sindicato Revolucionario) todas las propiedades que ya tenían.

El tiempo no le alcanzó.

Nacido en agosto de 1922, el poderoso dirigente fue encarcelado el 10 de enero de 1989 después de aquellas palabras que su enviado José Sosa Martínez pronunció ante el Presidente Salinas el ocho de enero del 1989.

-Si se hunde PEMEX se hunde usted, nos hundimos todos…

Antes de despedirnos, este lunes el alcalde capitalino, Alejandro Etienne Llano, propuso a Anabella Meida Hanún como directora del Instituto de la Mujer en Victoria.

www.janambre.com.mx

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