Cuestión pública

Dic 25th, 2013 | By | Category: Editoriales
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LUIS LAURO CARRILLO.

LA NAVIDAD COMERCIAL.

 La Saturnalia, era un festival en honor de Saturno dios del fuego y de la agricultura, celebrado por los pueblos paganos del norte de Europa del 21 al 25 de diciembre en el solsticio de invierno por el nacimiento del sol. Fiesta de cosecha, en que los dias comenzaban hacerse más largos, asegurando así otra temporada de crecimiento, era tiempo de algarabía festejaban colocando antorchas en los árboles.

 Viene a cuento lo anterior porque la celebración de la Navidad se desarrollo como un medio para reemplazar la adoración del sol, al dios Saturno, pasaron 300 años después de Cristo antes que la iglesia romana celebrara la Navidad y fue hasta el siglo V Cuando el emperador Justiniano ordenó su observancia obligatoria en todo el imperio, como un festival oficial en honor a “Cristo”.

En otras palabras la Iglesia arrebató a los pueblos paganos su principal fiesta, imponiéndoles otra, de tal forma que alteró la fecha del nacimiento de Jesucristo para hacerla coincidir con el día del solsticio de invierno. Según los especialistas la Navidad no estaba entre las principales festividades de la iglesia.

Cabe mencionar que la palabra Navidad proviene de «natividad» o nacimiento. Según numerosos historiadores y especialistas de esta materia, Jesús no nació ni el 25 de diciembre ni en 6 de enero, sino hasta  el 23 de  octubre del año 4 A.C.

De tal manera que esta festividad no era observada en los primeros siglos de la iglesia cristiana, porque la tradición era celebrar las muertes de personas notables, en lugar de su nacimiento, de ahí que la natividad fue establecida de facto en el siglo IV en memoria del nacimiento de Cristo, siendo este el antecedente de la celebración moderna de la Navidad.

 Ahora bien la actual sociedad secularizada, más allá de la religiosidad, las fiestas decembrinas, expresadas con la cena de Navidad, Santa Claus, la algarabía de las doce campanadas del año nuevo, esta festividad transmutado en una parafernalia comercial con propensión al consumo, a la emulación y al derroche desmedido.

Al efecto la Navidad comercial, constituye la oportunidad de oro de los comerciantes para multiplicar sus utilidades con la venta de toda clase de productos, alentando el consumismo a través de todos los medios de comunicación, apoyados con subsidios de los Ayuntamientos con la decoración e iluminación de calles y plazas, fachadas y escaparates, con miles de luces y motivos navideños condicionando el ambiente al consumidor.

De este modo las tradiciones de la Navidad se centran en todos los miembros de la familia principalmente en los niños, el mito Navideño comienza con la mentira de Santa Claus; la veneración del árbol de Navidad (símbolo de la publicidad comercial de los Regalos) cuya versión moderna se originó en Alemania, quienes  lo obtuvieron de los romanos, estos a su vez de los babilonios y egipcios y la onerosa cena de bacalao, pavo y democráticos tamales.

Así pues entre creencias y reuniones familiares gira el negocio millonario, tiendas de autoservicio, boutiques y supermercados abarrotadas, miles de ofertas, regalos para los niños, presentes para los adultos, decoraciones, luces y árboles.

En los hechos, una Navidad con vacaciones escolares y gubernamentales con incesante publicidad, y una Navidad de tiendas y almacenes y de plazas con tenderetes navideños que invitan al consumo y al derroche. Según se entienda y se viva el hecho navideño puede hablarse, al menos, de dos navidades: la comercial, y la cristiana.

Por otro lado para la clase política, empresarial alta y media alta, hay obsesión y compulsión por viajar a otros países, inundar los Molls y centros comerciales allende nuestras fronteras para comprar regalos, de tecnología de punta sean, ipod, tabletas, play boock, teléfonos inteligentes, lociones y perfumes, corbatas y pañuelos, libros, vídeos y reservaciones en los restaurantes de postín y en su caso el bacalao noruego para la cena.

Sobra decir que en el contexto capitalista ellos sí tienen opciones económicas para ir a esquiar a colorado, a las playas del extranjero; no están obligados a usar sus ahorros o ganancias porque sus prestaciones laborales o utilidades les permiten sufragar esos lujos.

Mientras tanto la mayoría de los mexicanos empobrecidos, tratan de subsistir, porque carecen de ingresos por falta de empleo o si lo tienen no les alcanza el dinero para darle puerta abierta a la singular mexicana alegría.

Por otra parte hay quienes  rechazan la Navidad basados en que Jesucristo no nació el 25 de diciembre, porque santa Claus no existe o bien porque consideran la navidad como una festividad de tradicional, donde se rechaza la violencia, se formulan sueños e ilusiones, al calor de las copas y notas musicales de los villancicos durante los días que dura el jolgorio.

Para otros la  Navidad es tiempo de tregua social, donde se concilian las diferencias, y se congelan los problemas, analizan las metas cumplidas y fijan objetivos para nuevo año. Se recuerdan, como contrapunto de los sueños de Navidad, la pobreza y miseria de millones de mexicanos, la xenofobia, la violencia delincuencial, las enfermedades incurables.

En el mismo orden de ideas en estas fiestas decembrinas hay presencia desconcertante de lo divino, lo comercial y lo político. La Navidad y el Año Nuevo son utilizados políticamente por los gobernantes: reyes, presidentes, jefes de gobierno, papas, para dirigir mensajes a súbditos, ciudadanos y fieles, respectivamente para animarles a vivir en paz y en unidad.

En definitiva un país como México con más de 50millones de pobres que  están subalimentados, al borde de la hambruna, la vigilia de Navidad no puede ni debe ser una  noche de paz y de amor, no será ni siquiera una caricatura de noche buena. Seguirá siendo una noche y las siguientes de pesadilla, una  noche marcada por las carencias mientras unos cuantos gozan de lo superfluo.

lucarrso@hotmail.com

Twitter: @luiscarrs

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