¡Aquí estamos!

Ene 30th, 2015 | By | Category: Editoriales

“Las monjas de clausura…”

Lic. francisco Javier Álvarez de la fuente

alvarezfj.2@gmail.com

Las monjas de clausura que viajaron a América vinieron para quedarse  definitivamente, sepultar sus huesos en estas tierras y dejarnos el aroma de virtud y santidad.

No se trataba de someter sino de evangelizar. La evangelización nos trajo la verdad y la Verdad nos hizo libres.

La gesta tampoco fue exclusivamente masculina. En 1530 -ni siquiera 40 años después del descubrimiento- ya estaban encaminándose para tierras americanas vírgenes europeas de clausura de la Concepción y el Carmelo, mayoritariamente de familias aristocráticas.

De muchas de ellas se desconoce el nombre y su historia personal. Murieron anónimas con el alma llena de renuncias, vigilias de oración ante el Santísimo, vida bajo regla estricta, refecciones austeras y caridad a toda prueba, era el diario vivir de ellas mientras afuera la conquista era una efervescencia de combates, comercio, industrias que nacían, intrigante administración burocrática y pleitos por linderos.

Llegaron a México, Perú, Ecuador, Colombia y otros países del continente, resueltas a luchar hasta la muerte contra enemigos invisibles, imponderables, sutiles y astutos que perturban en el silencio de la vida contemplativa, infunden depresiones, hastíos, arideces espirituales, miedos y terribles tentaciones.

Y ahí estuvieron en pie de lucha atrayendo gracias y bendiciones para las sociedades coloniales que se formaban en aquel entonces.

Curiosamente el objetivo fundacional no era instituir centros educativos ni hospitales de beneficencia, se trataba principalmente de orar, lo demás vino casi un siglo después por añadidura.

Pero antes, las monjas de clausura en tiempos de conquista y colonia eran un punto de referencia moral en las ciudades que comenzaban a nacer. Por el Locutorio y el Torno se intercambiaban consejos, penas del alma, recados, favores, ayudas y conversaciones espirituales que hacían bien a las más distinguidas de las damas o las mujeres más modestas.

De esos conventos de clausura nacieron obras artísticas en la decoración de las capillas donde artesanos criollos aprendieron, nació la repostería, los arreglos florales, los bordados y hasta la financiación de pequeñas iniciativas de comercio o industrias caseras cuando las buenas monjas prestaban el importe de sus propias dotes o el respaldo escritural de su propiedades para apoyar una empresa.

No se puede dudar que la vida de oración de las primeras monjas de clausura que llegaron a nuestra américa española fue la mayor razón de peso para que nuestras naciones iberoamericanas se desarrollaran espiritual y materialmente.

Los hermosos conventos en piedra que construyeron con el apoyo económico de conquistadores y colonos, dan prueba de que vinieron para quedarse definitivamente, sepultar sus huesos en estas tierras y dejarnos el aroma de virtud y santidad que hace de nuestra Iberoamérica el bloque continental católico más grande del planeta, y que la protección muy especial de la Virgen María ha mantenido y mantendrá cohesionado en torno al papado, que con tantas bulas y otros documentos pontificios apoyó la propagación de órdenes religiosas a lo largo y ancho de nuestro de esta américa toda de Dios.

Y en nuestros días, siguen estas monjas de clausura, trayendo paz a nuestras ciudades, solamente que con diferentes condiciones, al principio, como lo mencionamos, eran en su mayoría personas que procedían de alta alcurnia y traían consigo también buenas dotes lo que facilitaba su desarrollo y su sostenimiento domestico sin sobresaltos, ahora son gente de pequeños pueblos y de familias humildes, que requieren el apoyo de las familias de buena voluntad, que adquieren los productos que elaboran como repostería, bordados, etc., que es lo que las ayuda a sostener sus conventos y monasterios, y sobre todo dedicarse ala mayor parte del tiempo a la oración ante el Sagrario.

En la Diócesis de Cd. Victoria, se encuentran establecidos dos conventos o monasterios de monjas de clausura, las denominadas adoratrices y las Clarisas, las primeras llegaron de una fundación de Guadalajara, Jalisco y las segundas de otra fundación de Puebla, las dos llegaron en la administración del tercer Obispo de Cd. Victoria, Fray Raymundo López Mateos O.F.M., las primeras, llegaron directamente a Cd. Victoria y las segundas, han estado en tres municipios de la misma Diócesis, el Villagrán, en Hidalgo y por último se asentaron en esta Capital, desde donde han servido de pararrayos, espiritual de todos los que habitamos esta porción del pueblo de Dios, que peregrina en la Diócesis de Cd. Victoria.

Me permití compartir con ustedes amables lectores, esta información a fin de que cuando tengamos oportunidad las visitemos, acudamos a sus capillas, que están abiertas al público y hagamos junto con ellas oración y adquiramos sus productos que son la forma de sostenerse, por nuestra parte para seguirlas apoyando en lo que podamos ¡Aquí estamos!

“Las monjas de clausura…”

Lic. francisco Javier Álvarez de la fuente

alvarezfj.2@gmail.com

Las monjas de clausura que viajaron a América vinieron para quedarse  definitivamente, sepultar sus huesos en estas tierras y dejarnos el aroma de virtud y santidad.

No se trataba de someter sino de evangelizar. La evangelización nos trajo la verdad y la Verdad nos hizo libres.

La gesta tampoco fue exclusivamente masculina. En 1530 -ni siquiera 40 años después del descubrimiento- ya estaban encaminándose para tierras americanas vírgenes europeas de clausura de la Concepción y el Carmelo, mayoritariamente de familias aristocráticas.

De muchas de ellas se desconoce el nombre y su historia personal. Murieron anónimas con el alma llena de renuncias, vigilias de oración ante el Santísimo, vida bajo regla estricta, refecciones austeras y caridad a toda prueba, era el diario vivir de ellas mientras afuera la conquista era una efervescencia de combates, comercio, industrias que nacían, intrigante administración burocrática y pleitos por linderos.

Llegaron a México, Perú, Ecuador, Colombia y otros países del continente, resueltas a luchar hasta la muerte contra enemigos invisibles, imponderables, sutiles y astutos que perturban en el silencio de la vida contemplativa, infunden depresiones, hastíos, arideces espirituales, miedos y terribles tentaciones.

Y ahí estuvieron en pie de lucha atrayendo gracias y bendiciones para las sociedades coloniales que se formaban en aquel entonces.

Curiosamente el objetivo fundacional no era instituir centros educativos ni hospitales de beneficencia, se trataba principalmente de orar, lo demás vino casi un siglo después por añadidura.

Pero antes, las monjas de clausura en tiempos de conquista y colonia eran un punto de referencia moral en las ciudades que comenzaban a nacer. Por el Locutorio y el Torno se intercambiaban consejos, penas del alma, recados, favores, ayudas y conversaciones espirituales que hacían bien a las más distinguidas de las damas o las mujeres más modestas.

De esos conventos de clausura nacieron obras artísticas en la decoración de las capillas donde artesanos criollos aprendieron, nació la repostería, los arreglos florales, los bordados y hasta la financiación de pequeñas iniciativas de comercio o industrias caseras cuando las buenas monjas prestaban el importe de sus propias dotes o el respaldo escritural de su propiedades para apoyar una empresa.

No se puede dudar que la vida de oración de las primeras monjas de clausura que llegaron a nuestra américa española fue la mayor razón de peso para que nuestras naciones iberoamericanas se desarrollaran espiritual y materialmente.

Los hermosos conventos en piedra que construyeron con el apoyo económico de conquistadores y colonos, dan prueba de que vinieron para quedarse definitivamente, sepultar sus huesos en estas tierras y dejarnos el aroma de virtud y santidad que hace de nuestra Iberoamérica el bloque continental católico más grande del planeta, y que la protección muy especial de la Virgen María ha mantenido y mantendrá cohesionado en torno al papado, que con tantas bulas y otros documentos pontificios apoyó la propagación de órdenes religiosas a lo largo y ancho de nuestro de esta américa toda de Dios.

Y en nuestros días, siguen estas monjas de clausura, trayendo paz a nuestras ciudades, solamente que con diferentes condiciones, al principio, como lo mencionamos, eran en su mayoría personas que procedían de alta alcurnia y traían consigo también buenas dotes lo que facilitaba su desarrollo y su sostenimiento domestico sin sobresaltos, ahora son gente de pequeños pueblos y de familias humildes, que requieren el apoyo de las familias de buena voluntad, que adquieren los productos que elaboran como repostería, bordados, etc., que es lo que las ayuda a sostener sus conventos y monasterios, y sobre todo dedicarse ala mayor parte del tiempo a la oración ante el Sagrario.

En la Diócesis de Cd. Victoria, se encuentran establecidos dos conventos o monasterios de monjas de clausura, las denominadas adoratrices y las Clarisas, las primeras llegaron de una fundación de Guadalajara, Jalisco y las segundas de otra fundación de Puebla, las dos llegaron en la administración del tercer Obispo de Cd. Victoria, Fray Raymundo López Mateos O.F.M., las primeras, llegaron directamente a Cd. Victoria y las segundas, han estado en tres municipios de la misma Diócesis, el Villagrán, en Hidalgo y por último se asentaron en esta Capital, desde donde han servido de pararrayos, espiritual de todos los que habitamos esta porción del pueblo de Dios, que peregrina en la Diócesis de Cd. Victoria.

Me permití compartir con ustedes amables lectores, esta información a fin de que cuando tengamos oportunidad las visitemos, acudamos a sus capillas, que están abiertas al público y hagamos junto con ellas oración y adquiramos sus productos que son la forma de sostenerse, por nuestra parte para seguirlas apoyando en lo que podamos ¡Aquí estamos!

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