Los menonitas a punto de quiebra; empiezan a emigrar de Tamaulipas

Mar 25th, 2015 | By | Category: Nota del día

Casas, Tamaulipas.- En tres años agrícolas “malos”, el mundo se les vio encima a los menonitas de esta región que, muy a su pesar, comienzan a emigrar hacia otras latitudes.

Primero fue una prolongada sequía, luego el exceso de humedad y, en la temporada, es el “pulgón amarillo” del sorgo el que los mantiene en jaque. No cosecharon ni para pagar la semilla.

Son hombres de trabajo, mecanizados y con tecnología de punta, pero lo incierto del cielo los ha hecho hacer un alto y reflexionar.

-Yo quiero seguir aquí porque trabajamos en paz, el gobierno nos deja en paz. Llegué hace 26 años y me gustó mucho. No quiero irme”, manifiesta Johan Friesen, uno de los patriarcas y padre de 15 hijos.

Dice que 22 familias, entre ellas cuatro de sus hijas y yernos tomaron camino rumbo a Chihuahua y a Campeche en busca de mejores oportunidades para desarrollar la agricultura, lo que saben hacer y muy bien..

Ya ni quesos producen. La gente no los compra.

Un vecino colectaba hasta mil litros diarios de leche para generar cien kilos de queso, pero en los últimos días las ventas cayeron y suspendió su producción.

En busca de cultivos de alternativa, algunos han sembrado girasol.

Y se enfrentaron a algo nuevo para ellos: Los pájaros y urracas como voraces depredadores, a los que se enfrentan desde el amanecer hasta que el sol de va, todos los días de la semana.

En Casas hay cuatro campos menonitas con una población promedio de 550 habitantes, según los censos del 2010.

Son alrededor de 150 productores que año con año siembran hasta 15 mil hectáreas de sorgo y maíz. La mitad de la tierra es propiedad de ellos y la otra la rentan al sector ejidal.

Tienen algo de ganado pero no suficiente para explotarlo a nivel comercial. Su vocación es eminentemente agrícola.

EN TAMAULIPAS SE ACABO EL SORGO

Casas tiene una superficie agrícola de 36 mil hectáreas de las cuales ocho mil pertenecen a las colonias (campos) menonitas, dice el jefe del CADER (Comité de Desarrollo Rural), Isael Beas Gámez, quien acepta que han sido tres años pésimos para la agricultura.

El tiro de gracia fue el “pulgón amarillo” que en el último ciclo echó por tierra los proyectos menonitas.

Tierras de temporal, los rendimientos de sorgo son del orden de las dos toneladas por hectáreas. Les ha bajado hasta en un 50 por ciento y se quedaron endeudados.

-Entre el 2008 y el 2010 todo bien, saqué un tractor nuevo y rastra y pagué. Lo que debo es la semilla y el veneno –comenta Jhoan.

A diferencia de esos días de bonanza, en los dos últimos ciclos las empresas automotrices han recogido tractores por falta de pago.

Como una muestra del desastre que les trajo el pulgón, el patriarca señala que sembró cien hectáreas de sorgo que apenas generaron 18 toneladas. No alcanzó para pagar la trilla.

Los campos menonitas están altamente tecnificados. Cada quien tiene sus tractores y trilladoras, rastras y sembradoras. Fácil se diferencian de las comunidades ejidales donde luce el abandono de parcelas.

Parte de los males económicos los generó también la caída del precio del sorgo. De tres ml 600 se desplomó a mil 600.

Como la inmensa mayoría de los agricultores tamaulipecos, los menonitas no volverán a sembrar sorgo hasta que el pulgón esté controlado.

-Nos llegó el pulgón, fumigamos y  no sacamos ni para el gasto. Yo debo todavía 116 mil pesos de insecticida  y la semilla de dos años–comenta este productor.

Cuando ya estaba el problema, un día vinieron los técnicos agropecuarios que no se pusieron de acuerdo en la asesoría. Unos recomendaban fumigar “cuando el sorgo tenga 30 días” y otros “hasta que llegue la espiga”. Para entonces ya estaba perdida la cosecha.

-¿Y el control biológico?

-Eso no sirve.

LOS URRACOS ARRASAN CON LAS COSECHAS

Es mediodía. El  sol – el primero más fuerte del año- arrecia. Allí, sobre la carretera que viene del Campo Menonita No.2 hacia el ejido La Lajilla, tres muchachos están pendientes de los urracos sobre los cultivos del “maíz de teja”. Los granos empiezan a amacizar.

Ellos utilizan motocicletas para desplazarse rápido y hacen detonaciones con cohetes para ahuyentar a los pájaros. Pero les ganan, casi siempre les van ganando.

Dicen que son “carachas” y los traen ocupados desde que amanece hasta el anochecer.

Junto con el girasol, los menonitas han experimentado con el cártamo y quieren sembrar soya. No saben cuáles serán los rendimientos.

Por ánimo no queda. Antes de seguir abandonando la región esperarán si las condiciones climatológicas mejoran y precios del mercado son más atractivos. El sorgo ya llegó a dos mil 550 pesos por tonelada.

Por cada hectárea sembrada el gobierno federal, a través de PROAGRO entrega un apoyo económico de 963 pesos “con el compromiso de que siembren”, dice Beas, el jefe del CADER.

Los menonitas trabajan sus tierras y rentan muchas parcelas más. Si el área de cultivo en Casas anda por las 34 mil, ellos siembran casi el 50 por ciento. Representan la unidad productiva más eficiente del municipio y toda la comarca.

Y como dice Juan –Juan, soy Juan-:

-No queremos irnos, aquí estamos bien, tenemos escuela y nuestra iglesia.

Otra alternativa para seguir produciendo es la ganadería. Pero no tienen ahora hato suficiente para generar becerros, vender y salir de la crisis.

El tiempo dirá si los campos menonitas de Casas se siguen despoblando.

Por ahora, a pesar de que ya faltan familias, la vida sigue con su actividad cotidiana. Tienen camino pavimentado; viajan en camionetas de modelo reciente, utilizan cuatrimotos y motos, sus viviendas tienen aire acondicionado y gozan de los servicios de la vida moderna.

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