Aquí estamos!

Sep 16th, 2015 | By | Category: Editoriales

“Hidalgo de Carne y hueso…”

Lic. francisco Javier Álvarez de la fuente

alvarezfj.2@gmail.com

Un día como hoy, pero del año 1810, el Cura Miguel Hidalgo, Párroco de Dolores, Hoy dolores Hidalgo, Guanajuato, después de haber sido descubierta la conspiración, no tiene otra opción más que adelantar, el Movimiento Insurgente y en la noche, del día 15 y madrugada del 16 de septiembre frente a su parroquia hace tañir la campana en forma arrebatada, para llamar la atención de los lugareños, no para que asistieran a misa, sino para convocarlos a levantarse en armas en busca de la independencia nacional, (así lo señala la historia).

Y ésta historia patria, que todos conocemos nos pinta a Miguel Hidalgo y Costilla, como un héroe, que si lo fue, pero como alguien que solo está lleno de virtudes y ningún defecto, como alguien que vemos en los cuadros como casi un santo, enarbolando el estandarte de la Virgen de Guadalupe, enfundado en su vestimenta de sacerdote, o bien en los monumentos sean éstos de mármol, granito o bronce, empuñando el estandarte antes mencionado con la mano izquierda y en la derecha, unas cadenas rotas o un pergamino, pero recordemos que el Padre Miguel Hidalgo, fue un hombre como todos nosotros de carne y hueso, con muchas virtudes pero también defectos.

Y el Padre Hidalgo, si bien es cierto a él se le atribuye el inicio del Movimiento Independiente, no existe documento alguno de participantes o testigos directos en las primeras horas del movimiento independentista; lo único seguro es que la mañana del 16 de septiembre de 1810 Miguel Hidalgo convocó de alguna manera a los habitantes de Dolores y zonas aledañas, a quienes dirigió una arenga para que se sumaran a la rebelión, con lo que se formó el primer contingente que se alzó contra las fuerzas virreinales. Fuera de esos hechos, ninguno de los detalles que se conocen constan en documentos históricos de primera mano, por lo que son susceptibles de ponerse en duda.

Según la tradición, la noche del sábado 15 al domingo 16 de septiembre de 1810, avisados de que la conspiración en Querétaro había sido descubierta, Hidalgo y los otros líderes de la conjura decidieron iniciar el levantamiento contra las autoridades novohispanas. Se dirigieron a la parroquia, donde se tocó la campana ubicada en la torre oriente.

Los habitantes del pueblo, pensando que se trataba de una emergencia, despertaron y se reunieron en el atrio. Una vez ahí, Hidalgo les dirigió una arenga en el que los convocó a alzarse en armas contra las autoridades españolas, dado que habían abdicado a favor de los franceses, que concluyó con una serie de consignas.

Las palabras exactas que pronunció tal vez nunca se sepan. Las versiones probables y más antiguas son: «¡Viva la América!, ¡viva Fernando VII!, ¡viva la religión y mueran los gachupines!»  Diego de Bringas (1810); «¡Viva Fernando VII y la Virgen de Guadalupe!»  Servando Teresa de Mier (1813); el contenido de la arenga es dudoso. El texto ha sido alterado con posterioridad sirviendo a los intereses del gobierno respectivo, o «Viva México». Al no existir una relación literal del Grito, todo lo que se conoce queda en testimonios de segunda o tercera mano.

La primera vez que se conmemoró el 16 de septiembre fue en un edificio conocido como El Chapitel, en Huichapan, Hidalgo, el 16 de septiembre de 1812, por el general Ignacio López Rayón.

Más tarde José María Morelos, en uno de los veintitrés puntos que conforman sus Sentimientos de la Nación, propuso al Congreso de Chilpancingo que en la Constitución en la que por entonces se trabajaba «igualmente se solemnice el día 16 de septiembre todos los años, como el día aniversario en que se levantó la voz de la Independencia y nuestra santa Libertad comenzó, pues en ese día fue en el que se desplegaron los labios de la Nación para reclamar sus derechos con espada en mano para ser oída; recordando siempre el mérito del grande héroe, el señor Dn. Miguel Hidalgo y su compañero Don Ignacio Allende».8 Finalmente, se declaró el 16 de septiembre como día de fiesta nacional en la Constitución de Apatzingán; medida que fue ratificada por los congresos constituyentes de 1822 y 1824.

Los primeros gritos tenían un carácter a un tiempo cívico y religioso, ya que participaban tanto las autoridades políticas como las eclesiásticas. El escritor Luis González Obregón señala que «los días 17 (de septiembre) era costumbre celebrar en nuestra gran Basílica una misa de gracias por los héroes muertos. La fiesta del 16 tomó un carácter enteramente laico a partir de 1857”.10 La celebración se suspendió en 1847.

Aunque se trata de la fecha mayor del calendario cívico mexicano, la ceremonia del grito carece de protocolo oficial. Sin embargo, se realiza en medio de un ambiente solemne apegado a las disposiciones legales sobre el uso de los símbolos nacionales, basado en una férrea tradición que se ha afianzado con el paso de las décadas.

Para recordar ese hecho, cada año a las 11 de la noche del 15 de septiembre, los titulares del Poder Ejecutivo en los distintos niveles de gobierno —presidentes municipales (o jefes delegacionales en el Distrito Federal), gobernadores y el Presidente de la República—, así como los embajadores en las representaciones en el extranjero, portando una bandera nacional, dirigen a la población reunida una arenga, la cual por lo regular incluye las siguientes frases:

¡Mexicanos!, ¡Vivan los héroes que nos dieron patria!, ¡Viva Hidalgo!, ¡Viva Morelos!, ¡Viva Josefa Ortiz de Domínguez!, ¡Viva Allende!, ¡Vivan Aldama y Matamoros!, ¡Viva la independencia nacional!, ¡Viva México!, ¡Viva México! ¡Viva México!

Y como buenos mexicanos que pretendemos ser, no únicamente en éste mes que se ha considerado como mes patrio, sino durante todo el año, nos unimos a ésta bonita tradición, de conmemorar nuestro inicio de la Independencia Nacional y para hacer lo que nos toca para seguir manteniéndola libre y poder gritar con orgullo ¡Viva México!… ¡Aquí estamos!

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