El gandalla que faltaba

Feb 21st, 2017 | By | Category: Opinión Pública

Cd. Victoria, Tamaulipas.- El PAN tiene pendiente su reforma política en Tamaulipas. Ahora que es gobierno y mayoría en el poder legislativo, puede hacer las cosas a su gusto.

Por largos años sus diputados lidiaron, marcharon contra la mayoría dominante tricolor. Sus iniciativas fueron enviadas a la congeladora sin recibir explicaciones.

Si hay decisión, tendrán que hacerlo un año antes de los comicios del 2018. Si se tardan, la reforma deberá entrar hasta la siguiente elección.

Le voy a decir, amigo lector, que hay iniciativas interesantes como esa de 2012 del diputado Manglio Murillo Sánchez, para obligar a los legisladores a terminar su ciclo de tres años (viene uno de dos) antes que andar de “chapulines”.

Además, la que en 2015 elevó el hoy jerarca estatal de los azules, Francisco Elizondo Salazar, en aquel entonces diputado, de reducir la elegibilidad de los señores representantes populares locales a los 18 años.

Consideraba en esa fecha como una discriminación que los jóvenes, a los 18, estén en condiciones de votar pero no ser votados. Se les permite llegar a los puestos de elección hasta los 21 cumplidos.

Por eso pidió reformas y adiciones al artículo 29 de la Ley Electoral. Sobra decir que fueron enviadas al cesto de los pendientes.

Ahí están “vivas” y en espera de ser reactivadas. Es tiempo de sacarlas adelante.

Está otra de más antes para reducir la edad de votar de 18 a los 16 años. Sería algo extraordinario. Miles de muchachos tendrían capacidad de decisión respecto a sus gobernantes.

Desde luego las propuestas de reducir al mínimo o eliminar las diputaciones por vía de representación proporcional que, acá entre nos, no sirven para nada y solo obligan el pago a partidos sin importancia.

Los tiempos de abrir la olla de presión social se acabaron. En la actualidad las diputaciones tienen que ganarse en las urnas. Los votos tienen que perrearse a golpe de calcetín y desgaste de la suela de los zapatos.

Es más, hasta podrían bajar el número de diputaciones de mayoría relativa. Fuera de sangrar el presupuesto, los diputados, muchos o pocos, no sirven de mucho. Nada resuelven.

En la mira desde luego las regidurías de partido que solo causan pleitos internos por la lana y tampoco son productivas.

Otra, archivada en el cajón del olvido, es la que elaboró con mucho esmero la bancada azul y se refiere al artículo 180 de la Ley Electoral. Piden eliminar el requisito de vivir en el distrito para aquellos aspirantes a diputados.

Ya está en la legislación federal. Por ejemplo, un ciudadano puede tener su credencial de elector ene Nuevo Laredo y ocupar diputación por Tampico. Se llamarían ciudadanos universales de Tamaulipas.

Eliminar el fuero es una de las viejas aspiraciones de la bancada de Acción Nacional. Algo positivo ¿para qué queremos delincuentes en los puestos de elección? En desaforarlos se pierde tiempo y dinero.

Y la joya de la reforma: Elevar arriba del tres por ciento el mínimo de votos requerido (del universo estatal) para conseguir un escaño de representación proporcional.

Establecerlo “de pilón” con los regidores pluris que, por decisión del Tribunal Electoral, pueden serlo con la irrisoria del 1.5 por ciento de la votación total en cada municipio ¿no lo cree usted así?.

Ahora digamos que, un amable lector nos dice que, en nuestra colaboración anterior intitulada “pájaros de cuenta del PRI”, nos faltó uno que merece mención especial y se compara con el señor Salvador Rosas Ramírez, aquel que metió como diputada a su mujercita por la entidad tamaulipeca.

Se trata de José Monroy Zorrivas, el gran amigo del ex Gobernador Tomás Yarrington Ruvalcaba, orador, el ex director del Colegio de Bachilleres de nuestra entidad.

Primero llegó como delegado del comité nacional de la CNOP para “encausar” los trabajos de la organización en Tamaulipas, entonces dirigida por el orgullo del municipio de Jiménez, Reynaldo García Martínez.

El buen Reynaldo se encargó de alojarlo y atenderlo para que no extrañara el bullicio de la ciudad capital, donde vivía.

Se había criado en la colonia Doctores según su propia manifestación: “Yo, con un año de diferencia biológica (que Tomás Yarrington), vivía en la colonia Doctores, mi padre había muerto dejándonos ya de por sí en la inopia, viviendo en una vecindad”.

A la quincena de estar en la localidad, Zorrivas pidió a Reynaldo le prestara su camioneta (Chevrolet Blazer último modelo) para pasear a la familia que venía de fin de semana a la capital Victoria. Quería que sus hijos visitaran lugares tan interesantes como la presa Vicente Guerrero. De buena fe lo hizo el hombre de Jiménez.

Llegó el lunes y nada del señor Monroy. Pasó toda la semana y nada. García trataba de localizarlo, temía que algo malo les hubiera pasado.

Después de muchos días, por fin la llamada de Don José Monroy. Le avisaba a García Martínez que, como no queriendo la cosa, habían viajado de vacaciones hasta Mérida por toda la costa.

Que estando allá, él y su familia decidieron ir en avión al DF, que estaban bien, que todo salió como lo planeado pero había un inconveniente: La camioneta la había dejado en Mérida, que fuera por ella.

Con todas las mentadas de madre por delante, Reynaldo envió un emisario con gastos para que fuera por su vehículo.

Más tarde, el señor Monroy, uña y carne de Tomás, fue nombrado Director General del Colegio de Bachilleres donde dejó una estela de corrupción.

Para el 2005 y años posteriores, la Contraloría le seguía cobrando la suma de 28 mil 750 pesos que le había pagado a un tal Miguel Angel Méndez Mendoza como hospedaje en Victoria, para venir a realizar un “estudio de factibilidad económica y financiera del COBAT”, algo de lo cual los auditores no encontraron ninguna pista que se hubiera realizado, y tampoco recibos de honorarios.

Es parte de la historia del gandalla que faltaba. Si usted tiene otra parecida, puede enviárnosla. La publicaremos.

 

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