Estos dinosaurios que ves

Jul 31st, 2018 | By | Category: Opinión Pública

Cd. Victoria, Tamaulipas.- Hay hasta 52 y se llevan una buena lana con la mano en la cintura.

Ya no están los delegados federales con que comenzó la administración de Enrique Peña Nieto, afines al Gobernador en turno, Egidio Torre Cantú. Algunos fueron sustituidos en el camino.

Sin duda serán echados a la calle todos. Pero más que eso, van a resentir los buenos billetes que ahora se llevan. Algunos ingresan más lana de la que piensa ganar el futuro presidente, Andrés Manuel López Obrador.

Si bien los titulares de entidades tan sensibles como la PGR serán sustituidos, es difícil que esta dependencia se encargue a la influencia del multipublicitado coordinador federal en Tamaulipas, José Ramón Gómez Leal. Es área de mucha sensibilidad, lo mismo que la representación de Seguridad Pública.

Pues bien, son esos delegados los que más lana se llevan al bolsillo. El primero alrededor de 175 mil pesos por mes, y el segundo 135 mil.

Fuera de cuestiones de seguridad, como lo es también el Instituto de Migración, es factible que el resto se fusionen en una representación única con funcionarios menores de cada sector.

Según los registros, William David Knight Bonifacio ingresó como delegado de Comunicaciones y Transportes el 16 de junio del 2017, en medio de una controversia por haber dejado una larga cola en Veracruz, donde también representó a la dependencia al lado del ex Gobernador encarcelado.

Sin duda se retirará a vivir a su residencia –como dicen-, en el lado gringo.

El sueldito del jovenazo anda por los 120 mil, más prestaciones.

La Sedesol es otra de las poderosas representaciones del gobierno federal. Desde que recibió su nombramiento el 16 de enero del 2016 en sustitución de Edgardo Melhem Salinas, la señora María de Lourdes Flores Montemayor tiene en la mano su renuncia.

Se fletó casi un año como encargada del despacho. Melhem se fue como candidato a diputado federal en enero del 2015. Había llegado con el visto bueno egidista.

Eduardo Mansilla Gómez, jefe de SAGARPA, es otro de los que preparan sus maletas. Llegó en febrero del 2013 cuando el futuro le sonreía al Partido Revolucionario Institucional. Tiene cinco años calentando el asiento.

Una jugosa representación es la que tiene Roberto Hernández Báez, delegado del IMSS, donde se deja pagar no menos de 130 mil bilimbiques por mes. Perteneciente a la escuadra del geñismo –Eugenio Hernández Flores-; llegó a la chamba en febrero del 2016. Para ocupar espacios –que no delegación- ya hay tiradores que son precisamente médicos y odontólogos de Morena.

Apetecible la posición que ocupa Juan Guillermo Mansur Arzola, también perteneciente a las rémoras del antepasado. Si alguien ha disfrutado las mieles del triunfo del dinosaurio tricolor, es él. Pasó por la secretaría de Salud, por el hospital civil, una vez anterior por el propio Instituto; ex jefe en el DIF Victoria y el estatal. Toda una fichita de la burocracia de la dictadura perfecta.

Sus antecedentes los tienen muy presentes los dueños del nuevo escenario federal como para dejarlo “vivo”. Lleva años luz pegado a la burocracia. Merece jubilación. Cobra desde septiembre del 2016.

La voz popular asegura que se dio de alta en esa nómina por influencia de su pariente Eugenio Hernández.

La de Profeco es la menos atractiva. El ingreso anda por los 85 mil pesillos, aunque bien le sirven a la padillense Martha Guevara de la Rosa, después de años en la fría banca. Por accidente llegó a diputada y luego arribó al CDE del PRI donde dejó un tiradero de cadáveres al lado de Lucino Cervantes Durán.

A esa nómina había ingresado Felipe Garza Narváez por recomendación de Torre Cantú en abril del 2013, pero el jovenazo renunció el 31 de enero del 2016 para ir a la campaña de Baltazar Hinojosa Ochoa. Se hacía por lo menos diputado local por cuarta ocasión.

Perdió todo, hasta la dignidad, pero es de los pocos priístas del pasado que puede volver a aterrizar en la tesorería de la res pública. Dio el chaquetazo y se fue con los morenos.

Es un experto para la “maromeada”. Ha pasado desde la etiquetas de Emilio Martínez Manautou a los sombreros y botas de Cavazos Lerma y las motocicletas de Hernández Flores.

No es por echarle la sal, pero el sacamuelas tiene futuro.

Don Roberto Danwing Marroquín, gerente estatal del INFONAVIT, llegó también con el egidismo. Era el jefe del Instituto de la Vivienda, al que renunció para ir al gobierno federal. Le tocó buena suerte, ya se chupó dos años más en la nómina y por lo menos no se sabe que esté sujeto a investigación por el gobierno de los vientos del cambio .

Es otro candidato a ocupar la fría banca de los desempleados. Si bien no a partir del uno de diciembre, allá por los primeros meses del 2019 estará rindiendo cuentas.

No se van encuerados, con una mano atrás y otra adelante. Ya mamaron del presupuesto e hicieron negocios turbios con el poder.

De las huestes del mismo egidismo, había aterrizado en SEDATU Sergio Guajardo Maldonado. Renunció el 24 de julio del 2017 para aspirar a la dirigencia del CDE del PRI, que conquistó como quería pero salió por la puerta trasera del edificio del Dos Boulevard. Perdió todo en los comicios de julio.

En la secretaría le dejó la silla a otro del grupo, Sergio Villarreal Brickson, mantense avecindado en Tampico, quien debe tapar los “agujeros” presupuestales que siguen por ahí, o pueden pagar las consecuencias.

Rubén Peña Quiroga está en la CONAGUA. Ha mamado en ese organismo a partir del 2002 cuando se dio de alta en Nuevo León. Desde septiembre del 2015 es delegado en Tamaulipas. Es un tipo que le saca la vuelta a la prensa y a la transparencia.

Todo un estuche de monerías el pela´o, un sabelotodo. Ha cobrado en el Infonavit de Zacatecas y la Universidad del Norte de Tamaulipas en los gobiernos priístas.

Luego le seguimos porque son muchos. Las delegaciones abarcan Conafor, Liconsa, Economía, Diconsa,   secretaría del Trabajo, Procuraduría Agraria. Muchas las chambas que deberán entregar los dinosaurios.

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