«El Soliseño», el último pueblo del Lejano Oeste en Tamaulipas

May 30th, 2020 | By | Category: Articulos Destacados

El Soliseño, Matamoros.- Francisco Benavides de la Rosa ya está muy enfermo, pero él quiere que su pueblo siga adelante, progrese, que se de a conocer al mundo.

Solterón, Don Panchito nació en 1927, el menor de 14 hermanos. Todos ya fallecieron por enfermedades de la edad.

Su padre murió cuando tenía un año de nacido.

¿Y quién es Panchito?.

Nada menos que el cronista vernáculo de este pueblo. Una de las comunidades más antiguas del noreste de México.

-Aquí nací, me crié, tuve escuela, mis maestros aquí murieron y, aquí…Voy a morir.

El recuerdo de sus familiares ya idos.

-No me duele que se hayan muerto, porque es la Ley de Dios.

Vive solo en esa casona que le da un aire a las construcciones del oeste. Hasta tiene un salón villar que ya no trabaja; duró 60 años con él.

Es un tipo inteligente.

-A los cinco años fui a matricularme a la escuela y el maestro no me recibió. Me dijo que lo visitara un año después.

No obstante sus enfermedades, artritis, parkinson, cataratas y un ataque cardiaco que le dio hace tiempo, va y saca sus escritos.

Es un diario a rayas en que escribió las memorias de El Soliseño desde hace muchos años.

Nadie ha sido capaz de imprimirle su trabajo, pese a que, a esta comunidad, se le considera el último vestigio del oeste.

LOS PRIMEROS SOLIS

La historia del cronista dice que esta comunidad fue fundada el cinco de enero de 1766.

Los primeros habitantes fueron Juan José Solís, su esposa María Gertrudis Hinojosa y diez hijos: José de Jesús, Manuel, Santiago, Marcelino, Rafael, Eusebio, María Antonieta, Ana María y María Gertrudis.

Originarios de allá por Camargo, procedían de una familia económicamente favorable, dedicados a la agricultura y la ganadería.

Se vinieron porque eran víctimas de las tribus de indios apaches y comanches que, procedentes del norte, les robaban grandes cantidades de ganado.

Solís no vino y se posesionó de la tierra, sino que la compró a un tal Antonio Urizar.

Se trataba de tres mil 125 varas de frente por seis leguas de fondo.

Cuando los hijos crecieron les repartió a todos, y alcanzaron tres y media varas.

Al  fallecer los padres tenían ya 60 nietos. La población de El Soliseño era de 950 personas, todos Solís.

Por supuesto que sigue habiendo el apellido Solís, y los García. Aquí casi todos se apellidan García.

ORIGENES DE GENTE PROMINENTE

Es una comunidad tranquila; las casas están cerradas. Son estilo español, nos dicen, aunque más bien se parecen al oeste. La mayoría fueron construidas con ladrillo rojo.

Seguido vienen autobuses de gringos a admirar las viejas construcciones, unas buenas y otras en mal estado.

Nos dicen que las autoridades quieren mejorar las calles y las fachadas para crear un auténtico centro turístico. Pero nadie se atreve a aportar el dinero.

Aquí hay mucha historia.

Las memorias de Don Panchito dicen que en 1920 visitaron el pueblo Don Jesús Carranza, Cesario Castro, Pablo González, Lucio Blanco, Félix Díaz y Joaquín Amaro.

Quien sabe si en esa fecha hayan estado vivos, pero son los apuntes del cronista.

El Soliseño ha dado personas destacadas en el mundo político.

Por ejemplo, Don José de Jesús Solís, fue Justicia de Matamoros en 1811.

Un año después era el alcalde de primer voto, lo mismo que en 1820.

Don Rafael Solís de la Garza fue presidente municipal en varias ocasiones a finales del siglo XIX y principios del XX.

EL ESPEJO, UN CHARCO DE AGUA

Como en todos los pueblos de la época, a los habitantes de El Soliseño les tocó batallar con la vida.

No existían cosméticos y, para peinarse el pelo, se usaba manteca de res.

– Tampoco había espejos, la gente se acercaba a un charco de agua cristalina para peinarse, comentan las crónicas de Don Panchito.

La gente se vestía con calzones de manta fabricados en el pueblo, y como faja usaban un cuero de res o de chivo.

Para 1870 se fundó la primera escuela, particular. Su creador Francisco Benavides, ancestro de Don Panchito.

Menos había lápices ni plumas; en la escuela se usaban las pizarras para escribir.

Hoy por supuesto que tiene su escuelita.

Fue iniciada a las diez de la mañana del 19 de febrero de 1936, cuando visitó el pueblo el Presidente Lázaro Cárdenas del Río.

Lo recibió el entonces director del plantel, Rodolfo Castillo Garza.

También comenzó la construcción de un bordo para evitar que el pueblo se inundara con las corrientes de los arroyos que vienen del norte.

LLEGO LA CREACION DEL EJIDO

La historia del pueblo se va perdiendo en la maraña del tiempo.

Los apuntes de Benavides dicen que el 20 de abril de 1923 se realizó un censo que arrojó 333 personas.

Se hizo porque pidieron una dotación de seis mil 583 hectáreas de tierra al gobierno revolucionario, para beneficio de 54 jefes de familia.

En realidad se repartieron 105 parcelas, pero muchos años después.

Fue el 24 de diciembre de 1932, cuando la petición de las tierras se publicó en el periódico oficial del estado.

Y el 20 de abril de 1937 apareció publicada la resolución presidencial. Un año después se cumplimentó.

Es decir, 14 años más tarde que la gente pidió la tierra, el gobierno entregó.

¿Qué pasó con las tierras de los Solís? la crónica lo pierde.

AQUEL TEMIBLE CICLON

Por cierto, otra característica tiene Soliseño: Es un ejido, pero hay dos comisariados, uno que “abarca” el norte y el otro el sur.

Cada quien “chambea” por su lado.

Pero eso no impidió que entre 1966 y 1971, Francisco Benavides figurara como delegado municipal.

Le tocó la llegada del temible ciclón Beulah.

Las corrientes de agua se llevaron las gallinas, vacas, marranos, las casas completas.

Como la situación era muy difícil, Pancho se fue en una mula hasta Matamoros para pedirle ayuda al alcalde Enrique Siller Flores.

Fueron muchas las obras que se realizaron por intervención del cronista de El Soliseño.

Hoy, el pueblo está a orillas de la carretera de paga a Reynosa.

Dicen que es un pueblo “fantasma”, pero muy concurrido por los turistas.

Hay energía eléctrica desde 1959, cuando Treviño Zapata.

No cabe duda que es una comunidad interesante.

Y dejamos atrás, también, los relatos interesantes de Don Panchito.

Por pura casualidad dimos con él, de lo cual se admira.

Con su negocio encerrado y enrejado, es el único que vende cerveza, caguamas. No se necesita ser muy sabio para intuirlo. En el enrejado solo hay un hueco que tiene precisamente la forma de una cerveza caguamera.

Panchito se queda solo en esa casona donde siempre ha vivido.

Jamás se casó por cuidar a su madre.

Tiene 70 sobrinos.

http://www.turistam.janambre.com.mx

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