Con «todo respeto»: Carta al alcalde que solo le falta vender Guémez

Sep 28th, 2020 | By | Category: Nota del día
«El cínico todavía se ríe»

Carta a un alcalde que maltrechó a un pueblo:

Estimado señor alcalde:

Como ha sido elegido usted democráticamente para sacar adelante al pueblo, le va a extrañar sin duda la carta que me veo precisado a escribirle.

En un principio el pueblo no se dio cuenta del desastre ocurrido, recibió su triunfo muy contento pronosticando un buen desarrollo, satisfechos por la elección que acaban de realizar pues esperábamos un cambio, eso fue lo que prometió y puedo recordarlo.

Pero el entusiasmo se acabo muy pronto, pasados los primeros meses observamos detenidamente a el pueblo. Lo encontramos un poco deforme, un tanto olvidado, a oscuras y triste, no quisimos conceder mayor importancia a este retraso, somos razonables, un nuevo gobierno requiere un poco de tiempo para transformar.

Es preciso recordar que el pueblo no se encontraba completamente arruinado, usted mismo le dedico frases elogiosas a lo que iba a hacer usted mismo, dijo que pondría muy en alto al pueblo.

Pues bien no podemos esperar hasta la siguiente campaña para recordar sus promesas. Y aquí estamos a oscuras escribiéndole a usted una carta en lugar de decirle las palabras violentas que suscitan nuestros esfuerzos infructuosos.

Mi carro no podía recorrer las calles, como los carros de la mayoría de las personas, me encontré con unas calles intransitables y llenas de baches. No se con que estilo se las arregló usted para dejar las calles inservibles, ahí están en cada cuadra guiñándonos burlonamente con sus baches profundos.

Debo advertir a usted que carezco de total instrucción en materia de administración pública, lo único que se es que hay gobiernos que han hecho sufrir a su pueblo y otros en cambio recuerdan a sus gobernantes con grande admiración.

El pueblo que le permitimos administrar era un pueblo agradable, era un pueblo vivo, podíamos salir los adultos a pasear y los niños a jugar, había tranquilidad y seguridad, hoy solo quedan los recuerdos. Antes incluso podíamos dormir con las puertas abiertas, ahora las puertas se encuentran cerradas con candados al igual que las puertas de las oficinas de presidencia, el primer candado el de la ausencia, el segundo el del desinterés y el tercero el del abandono.

El pueblo con espíritu de esperanza, quiso darle un crecimiento al pueblo. Esta esperanza no parecía censurable. En vez de emigrar del pueblo, estuvieron de acuerdo en que usted lo dirigiera y lo

llevase al desarrollo y crecimiento. Además, esta costumbre que tenemos las personas participativas de renovar los gobiernos es, si no me equivoco, el modus vivendi de las personas como usted.

Debo decir que del estudio que practiqué a su gobierno he sacado horribles conclusiones. Por ejemplo, la más notable, que usted no ama su oficio. Si usted, dejando aparte todo resentimiento, viene a la presidencia y se pone a contemplar nuestro pueblo, ha de darme toda la razón.

Mire usted qué calles: ni en la luna existen semejantes cráteres. Las lámparas siempre en oscuridad, las banquetas y plazas están sucias y abandonadas ofreciendo un mal aspecto, mire usted los lugares turísticos, los cuales hoy están restringidos pero desde antes han sido olvidados, recuerde usted que aún con todo y eso, antes presentaban la parte estética del municipio.

Pero adéntrese un poco en el pueblo. Verá usted una problema siniestro es el drenaje, señor alcalde, es un desastre, esta a punto de colapsar y usted no le da mayor importancia.

Pero basta ya. Le decía que usted no le tiene amor a su oficio y es cierto. Es también muy triste para usted y peligroso para sus seguidores, que por cierto no tienen esperanza ya.

Esta carta no intenta menospreciar a quienes lo eligieron para ser alcalde. Nada de eso. Le escribo sencillamente para exhortarle a amar su propio trabajo. Le recuerdo la tragedia del pueblo para infundirle respeto por ese oficio que la vida ha puesto en sus manos; por ese oficio que usted a utilizado para tantas cosas menos para servir… Perdón; usted es todavía joven. Cuando menos, tiene tiempo para reflexionar, si es que ya olvidó cómo se administra un gobierno.

Nos hacen falta buenos alcaldes, que vuelvan a ser los de antes, que no lleguen solamente para obtener el dinero del pueblo, sino para poner en práctica las sagradas leyes de servir.

Sólo quiero decirle una cosa: si usted, en vez de enojarse, siente que algo nace en su corazón y llega como un reproche hasta sus manos, venga al pueblo y observe detenidamente las problemáticas que nos aquejan.

Yo le prometo que si todos las problemáticas actuales las logra resolver, le escribiré una hermosa carta de gratitud, presentándolo en ella como hombre cumplido y modelo de alcalde.

Soy sinceramente su servidor.

Jesús Enrique Botello

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